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Apuesto, luego... gasto

"Las apuestas se extienden entre los menores por la proliferación de locales con escaso control". Eso decía, así de simplista, una noticia.  ¿Simplista? Sí, porque no es tan simple el problema como para adjudicarle una única razón.  Se me ocurre una, y bastante más poderosa, según mi modo de ver: el hecho de que la transmisión de todos los partidos de fútbol -que medio mundo ve- y de tenis, y de cualquier deporte, está interrumpida constantemente con anuncios de casas de apuestas. Llega uno a tener complejo de estar fuera de la sociedad si no está inscrito en un par de ellas. En la media parte, un comentarista explica cómo van los asuntos económicos hasta el momento: si gana tal, a tantos euros; si empatan, tanto. Publicidad cero subliminal. Normalización absoluta del juego. Los menores, tan habituados a quererlo todo sin poner nada o casi nada a cambio, tienen ahí su instantánea (e irreal) mina de oro. Y pican como locos. Pero, claro, abierta la puerta al vicio (dadas todas…

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