martes, 23 de agosto de 2016

¿La fealdad nos invade? La belleza no escasea

Esta mañana he recibido un whatsapp con una foto: era una carta al diario. Se titulaba "La fealdad nos invade". La carta, de un hombre de Sant Pol de Mar, estaba bien escrita, y era hasta bonita en su modo. Pero algo pesimista: nostálgica, como mínimo. Se hablaba del avance imparable de la fealdad. 

Al rato -era un grupo de whatsapp: no me ha llegado sólo a mí- ha habido respuestas: tres fotos con una frase. "La fealdad nos invade, pero la belleza no escasea tampoco". 
Lo cierto es que no habíamos leído bien la carta. El buen lector no se refiere a la naturaleza, si no a "aquello que es creado por la mano del hombre", así que la respuesta que le dábamos desde nuestro particular chat no servía del todo. Sí en parte: son fotos. y eso ya es creación nuestra. La naturaleza nos da mil vueltas en belleza, pero las fotos "son bien bonicas", como diría uno que yo me sé, en aragonés forzado.

Después de darle unas vueltas, me han venido a la cabeza dos cosas: aquellos versos -malos, dicen- de Rafael de Campoamor que tan citados son, y una palabrota griega que ya vendrá después. Ahí van los versos: 
"Y es que en el mundo traidor
nada hay verdad ni mentira;
todo es según el color
del cristal con que se mira".
Se suele acudir a ellos para hablar del relativismo en el conocimiento. Pero bien pueden usarse en el que ha generado el lector en nuestro grupo de chat. Hay fealdad; hay cosas bellas. ¿Depende de cómo lo mires? Bien, pues ahora viene la reflexión, y que cada cual se sirva lo que quiera.

Porque he ido a ver cómo era el poema entero y me he llevado una alegría: habla de Diógenes, ese personaje griego que iba por el mundo con una linterna, buscando un hombre. Uno, siquiera. y no lo encontraba. 
El poema, primero.

LAS DOS LINTERNAS

I

De Diógenes compré un día 
la linterna a un mercader; 
distan la suya y la mía 
cuanto hay de ser a no ser. 
Blanca la mía parece; 
la suya parece negra; 
la de él todo lo entristece; 
la mía todo lo alegra. 
Y es que en el mundo traidor 
nada hay verdad ni mentira; 
todo es según el color 
del cristal con que se mira.

II

- Con mi linterna - él decía- 
no hallo un hombre entre los seres-. 
¡Y yo que hallo con la mía 
hombres hasta en las mujeres! 
él llamó, siempre implacable, 
fe y virtud teniendo en poco, 
a Alejandro, un miserable, 
y al gran Sócrates, un loco. 
Y yo ¡crédulo! entretanto, 
cuando mi linterna empleo, 
miro aquí, y encuentro un santo, 
miro allá, y un mártir veo. 
¡Sí! mientras la multitud 
sacrifica con paciencia 
la dicha por la virtud 
y por la fe la existencia, 
para él virtud fue simpleza, 
el más puro amor escoria, 
vana ilusión la grandeza, 
y una necedad la gloria. 
¡Diógenes! Mientras tu celo 
sólo encuentra sin fortuna, 
en Esparta algún chicuelo 
y hombres en parte ninguna, 
yo te juro por mi nombre 
que, con sufrir al nacer, 
es un héroe cualquier hombre, 
y un ángel toda mujer.

III

Como al revés contemplamos 
yo y él las obras de Dios, 
Diógenes o yo engañamos. 
¿Cuál mentirá de los dos? 
¿Quién es en pintar más fiel 
las obras que Dios creó? 
El cinismo dirá que él; 
la virtud dirá que yo. 

Y es que en el mundo traidor 
nada hay verdad ni mentira: 
todo es según el color 
del cristal con que se mira.


No está mal. Creo que serviría como respuesta al lector de la nostálgica carta.
Por si las moscas, lo expongo: la belleza está en el mundo, pero se ve con los ojos. Si están sucios, no se capta. Por lo que escribe en su carta, no tiene los ojos sucios: seguro que es capaz de ver mucha más belleza de la que explica. Supongo que tuvo un mal momento al escribir la carta y le pesó más lo negativo. ¿A quién no le ocurre eso de vez en cuando?

Pero hay otra cosa (y hasta dos): la palabra griega: kalokagathía. Cito de la Wikipedia con algún que otro cambio o aclaración:
Kalokagathia (καλοκαγαθία) es el sustantivo derivado de Kalos kagathos (en griego: καλὸς κἀγαθός). Es una frase usada por clásicos escritores de la Grecia clásica para describir un ideal de conducta personal, sobre todo en un contexto militar. Su uso está atestiguado desde Heródoto y el período clásico. La frase está compuesta por dos adjetivos, καλός ("bello") y ἀγαθός ("bueno"), el segundo de los cuales se combina con καί "y" para formar κἀγαθός. Werner Jaeger, el estudioso más prestigioso del mundo griego, lo resume como "una formación espiritual plenamente consciente” que estaría fundada en "una concepción de conjunto acerca del hombre".
Y ahí va mi tercera idea al respecto, que ayudará a dar razón de lo que sostiene el amigo de la carta. 
Dice Jaegger que se trata de "una concepción de conjunto acerca del hombre". O sea, que con decir bueno y bonito está dicho todo. O sea, que la belleza no se puede separar de la bondad. Y en un mundo en que tantas veces la moral brilla por su ausencia, es lógico que la belleza esté también ausente. Y en positivo: cualquier cosa buena es bella. ¡Qué linda acción!, dicen los mexicanos. Y así es. Una sonrisa: belleza. Esto da para muchos libros.

También se puede explicar el crecimiento exponencial de cuerpos bellos que campean en la web, y que se quedan ahí: en ser fibrosos. La concepción de conjunto del hombre ha quedado en concepción unilateral: físico-biológica. Ahí está la belleza, dicen. Y en ninguna otra parte. Eso decía un anuncio de coches que ya tiene un tiempo: "¿Desde cuándo a alguien le importa si eres bella por dentro?". Y así nos va.

Dando un penúltimo subidón, iremos a la estética clásica, que unía belleza no sólo a bien, sino al ser. Todo lo que es, es bello por el hecho de ser. 
Quien piensa así (y hay quien asegura que no se puede), dice cosas como Carlos Cardona, ese metafísico: "la creación es el precioso jardín que Dios hizo para que el hombre descansara". O como que las piedras son bellas. O como Ratzinger, ese fenomenal teólogo sensible, que habla de la maravilla de las flores en sus colores como el sobrante a la utilidad para la polinización que Dios puso ahí gratuitamente para nuestro disfrute gratuito, como si fuera su firma. (Esta frase hay que leerla dos veces). O como que los jaguares son bellos, corriendo en equilibrio. O como que el hombre, por el hecho de ser, es bello en su actuar humano. En última instancia, hasta un cuadro feo es bello en un cierto sentido: por ser humano. Jamás un mono pintará un cuadro: le falta la intención y la capacidad de expresarse a sí mismo. Ese es, ¡entre otros!, el motivo por el cual los cuadros de Jackson Pollock son respetables, aunque uno pueda valorar mucho más a Velázquez, en términos de belleza. La belleza, ese trascendental del ser, que va de lo mínimo, a Dios.
En negativo: kakós, kaké, kakón, es feo en griego. Cuando un niño hace algo que no está bien, se le dice (en algunos sitios, como mínimo) "caca". No me extrañaría un pelo que viniera de ahí. Y a otros, tampoco. 

Nos queda el salto a la teología, ya anunciado. Lo más bello en la creación es el hombre. Y, para los creyente es algo claro, el más bello de los hombres, Cristo: Dios hecho hombre.
Ahí va el Salmo 45, que se aplica a Jesús:
2 Me brota del corazón un hermoso poema,
yo dedico mis versos al rey:
mi lengua es como la pluma de un hábil escribiente.
3 Tú eres hermoso, el más hermoso de los hombres;
la gracia se derramó sobre tus labios,
porque Dios te ha bendecido para siempre.
Dicho esto, que cada cual le dé a su cabeza.
La fealdad avanza, como los hombres. Pero la belleza no escasea.

sábado, 20 de agosto de 2016

La verdad y las preguntas

La verdad es que "La Verdad" me gustó. (No he podido resitirme a decirlo así de mal). Se trata de una película en que Robert Redford y Cate Blanchet se visten de Sócrates, en las dos caras de una sola moneda.

Sócrates tiene ya muchos siglos: más de 26. Pero volvemos a él una y otra vez. A su interés natural por la verdad. Suyo y de todos los hombres. Y a su método mayeútico, de parturienta, para llegar a ella desde uno mismo: a aceptar la verdad como algo que se nos da y recibimos. Ambas cosas.

En la película, que algunas críticas tachan de lenta y pretenciosa, hay algunas perlas auténticas sobre esto mismo: la verdad y el método (camino, en griego, es methodos) para llegar a ella.

Primera: 

-Hacer muchas preguntas. Las preguntas hacen que salga la verdad.

Sócrates en estado puro: "que salga la verdad". Se trata de la filosofía erotética: de preguntas. Los diálogos de Platón están llenos de preguntas. Tantas, que puede uno hartarse.

Avanzada la película, el guión insiste:

-Buscamos la verdad. Eso hacemos. Nuestro ego pasa a segundo plano. 

Esa es la profesión del periodista. 
Y de todo ser humano, aunque sea algo mucho más que una profesión: es la alimentación de nuestra parte no física. A ver si de una vez centramos la educación en esto, y no en lo demás, sea lo que sea (aulas, iPads, profesores, alumnos, etc...)
Pero ojo con los matices de la frase:

"Buscamos". Y nos busca. La verdad no es un animal que camine por las calles, pero sí es más cierto, por raro que suena, decir que nos la encontramos mientras la buscamos que asegurar que la tenemos porque somos listísimos.

El papel del ego, ya implícito en la explicación que intentaba dar en el párrafo anterior. Soy yo -mi ego- quien está o no en la verdad al decir o pensar o hacer algo, pero no soy yo -mi astuto, bello o inteligentísimo ego- quien ha parido esa verdad. Por eso los grandes inventores son eso, inventores: "invenire" es "encontrar" en latín. Una búsqueda para la que estamos más que preparados, y un objeto más que encontrable, que se nos ofrece, como lo visible a los ojos y lo audible a los oídos.

Hasta aquí hemos llegado. 
Grande, Redford, por otra parte. Aunque algo estirado y pagado de sí, según otros. Con 80 años, yo se lo perdono.



domingo, 14 de agosto de 2016

Lecciones olímpicas III: Oro para Nadal-López o Una alegoría del matrimonio

Ha pasado un día, y Rafa Nadal ha tenido tiempo para, a pesar de todo, no ganar contra Del Potro. Lástima. Pero no se nos puede olvidar lo que hizo un día -unas horas- antes. Ganar un oro en dobles. Y de qué manera: después -unos minutos antes- de doblegar a Bellucci. Eso es ya digno de una gesta. 

Nunca había visto un partido de dobles. Y menos aún a esas horas de la madrugada. Y me dio que pensar, además de sufrir y botar como un loco. 

Pensadas las cosas un poco, resulta que el partido Nadal-López contra aquellos otros rumanos Mergea y Tecáu puede usarse como una bonita alegoría del matrimonio y su día a día. 
He intentado escoger fotos que apoyen lo que digo, ya que primero lo vi. Está claro que una metáfora es una metáfora, y que podrán ponerse pegas, pero creo que sirve para pensar. 

Por empezar de alguna manera, empatía: luchar por reaccionar acorde a los sentimientos del otro. Somos un equipo. Y mucho más, según el catolicismo, que usa en latín una expresión fortísima. Marido y mujer son "una caro", una carne. Dos en uno y uno en dos. De ahí salen todas las características: de la lucha por alcanzar ser uno con el otro. Veamos algunas de ellas.

Celebrar cosas. Celebrar puntos grandes, y también los pequeños: los edificios grandes están hechos de piedras o materiales pequeños. Celebrar un cumpleaños de pareja, un aniversario especial, un éxito de uno de ellos, un día bonito, un algo que ha salido bien. 
Una buena celebración eleva el ánimo propio y el de la pareja. Llamó la atención cómo Nadal celebraba cada punto cuando López parecía más hundido, sabedor de cómo se sube la moral y cómo ganar al otro por derribo. 

Otra: estar ahí y darlo todo, sin excusas. Intentarlo. Dar lo mejor de sí. Esa pareja de oro es claramente desigual: por eso ganaron.  Me explico: Nadal es un jugador poco experimentado en dobles. Se veía que le faltaban los truquillos típicos de esa especialidad del tenis. No así a López, que iba repartiendo globos y reveses cortados muy buenos y útiles: ganadores.  Lo mismo en el matrimonio: funciona porque no somos iguales, pero cada uno lo da todo. Cada cual con sus potencialidades, tan útiles en las diferentes etapas de la vida: la fortaleza a veces, el cariño otras, la prudencia siempre, etc...




Perdonar(se) errores. Basta un apretón de manos, una mirada, un beso: "no es fallo tuyo", "no pasa nada", "somos un equipo", "vamos", y similares. Porque todos los cometemos. 

Y animarse... mutuamente, que todos fallamos. Es cierto que López estuvo fallón en algunos momentos del partido. Pero también es verdad que Nadal falló de lo lindo algunas veces también. Y, siempre, un choque de manos. No era para celebrar: era para conjurarse. Cada matrimonio ha de hacer lo propio, y a su manera. 

Hablar las cosas: decírselas a la cara, o como sea. Pero decírselas. Las buenas, las mala. Y pedirse consejo. Y darse consejo. Hablar: importantísimo. No es cuestión de tácticas solamente. Es cuestión de que cualquier persona no esquizofrénica funciona así: a una. Así funcionan los seres humanos: si quieres cantar al unísono, mira al otro. 
Me hizo ilusión, además, que hablaran tapándose la boca. Es una moda, pero es una realidad tan propia del matrimonio. Hay que protegerse de las miradas ajenas. La intimidad es esencial en las parejas. Y hay decisiones que se toman bien así, y mal, de todas las demás maneras. Conviene guardarse un tiempo de intimidad tranquila donde poder hablar las cosas, decidir, e ir a la par: a una, como en Fuenteovejuna.

Antes de acabar, una muy importante: saber envejecer juntos. Eso implica tener un proyecto común, querer tenerlo y luchar para que se cumpla. Y perdonar los achaques que la vida da. Y saber tirar para adelante con menos fuerzas y más experiencia y sabiduría. Y tantas otras cosas.



 


Y así, dejando de lado muchas otras (reposar las cosas, saber envejecer juntos, etc...) que cada uno podría sacar, llegamos a la victoria final, llena de derrotas parciales: cansados, pero contentos. Emocionados, pero juntos. 
Fieles. 



viernes, 12 de agosto de 2016

¿Inteligencia al servicio de las emociones?

"Es hora de pensar menos y sentir más". Así empieza la letra pequeña de este provocador anuncio, que tiene ya un tiempo. De buenas a primeras, diría que lo que nos conviene es lo contrario.

Es, sin duda, un gran coche. Hecho, por cierto, con mucha inteligencia y, posiblemente, menos pasión. La pasión no diseña coches conducibles. Aunque pueda tener su parte en el asunto. (Pasión que, en resumidas cuentas, es una emoción fuerte: un estímulo exterior potente que nos lleva a movernos, más que a pensar).

Gran pareja, la de emoción (o pasión) e inteligencia. Pareja humana como pocas. Y gran problema, ya desde antes de Platón, la de saber qué papel debe jugar cada una de ellas. 

¿Debe estar la inteligencia al servicio de las emociones?
No parece. Sí nos gustaría que fuera así, por supuesto. Y, de hecho, sí es así en muchos ámbitos. 
¿Es algo malo?

Se trata de pensar, en primer lugar, qué dice el anuncio sin decirlo claramente. Porque es una pregunta abreviada. Lo que quiere decir es: "deja que tu inteligencia se ponga al servicio de tus emociones en lo que haces" o, mejor dicho, "deja que tu inteligencia te señale acciones que te generen emociones". En concreto: "la inteligencia ha hecho este coche para que te genere emociones". Hoy día se venden emociones, dicen los expertos. Ahí tenemos un ejemplo.

Dicho esto, se trata de ver en qué ámbitos la inteligencia puede estar al servicio de la emoción. En el ámbito de la utilidad y la supervivencia, está claro que la inteligencia presta sus servicios. Pago al arquitecto para que, con su inteligencia, me procure un hogar que me proteja y me ofrezca cierto confort. De eso a hablar de emociones habría un trecho todavía, pero puede entenderse así.

Pero en el ámbito de la rectitud ética personal, las emociones deben ocupar el segundo lugar, el del copiloto, porque está en juego ni más ni menos que la libertad personal. ¿Puedo ir por el mundo intentando actuar de modo que la vida sea emocionante? Pues en parte sí, pero en gran parte, no. No, porque las emociones no comienzan cuando yo quiero, ni tienen la intensidad que quiero, ni acaban de impactarme cuando quiero. Son, en ese sentido tan concreto, ajenas a mí. Y son, en otro modo, mías: las siento yo. La emoción viene con un hecho: se trata de hechos emocionantes. No existen las emociones en sí, por decirlo de alguna manera. Y, en parte sí, porque ya sabemos qué acciones hay que hacer para sentir según qué emociones. 

Es clarificador el ejemplo del copiloto. ¿Qué libertad de conducción tiene el piloto si quien decide es el copiloto? Más bien poca, a no ser que la decisión sea del piloto y el copiloto se limite a dictar lo que previamente se ha dicho. Esta situación, deshecha ya la metáfora, describe la situación de los hombres más maduros y libres: a base de educarlas -de aprobarlas o rechazarlas con la inteligencia-, las cosas buenas provocan emociones buenas, y las malas, malas. Eso quiere conseguirse con el gran educador infantil: "niño, caca". O sea: "Niño, date cuenta de que eso es malo y no solo debes catalogarlo así con la inteligencia, sino que ha de provocarte un rechazo, un respingo: algo emocional, un miedo, un temor". Eso es educación en toda regla. 
Volvamos a la metáfora. Hay quien dice que el copiloto no es necesario para conducir un coche. Y es cierto, pero es muy útil. Quien conduce es el piloto, pero el copiloto consigue que el viaje sea más ameno. La razón guía, las emociones -bien llevadas- son la salsa de la vida. Las emociones no son necesarias para vivir, pero la vida se vuelve sosa y la depresión hace muy cuesta arriba el pasar de los días. (La vida trae consigo sucesos emocionantes. Pero uno puede tener la psique destrozada y no vivirlos como tales). 
No somos inteligencias. Ni emociones. Somos una buena mezcla, que el yo personal debe unir. Yo, como persona única, debo encontrar el modo de unir emociones e inteligencia en mi actuación: no haré lo que me salga sin más. Y en ese "sin más" está la clave. Las que me hagan mejor persona, tendrán cabida en mi vida; las que no, procuraré reconducirlas, reprimiéndolas a veces. 

Lo cierto es que el slogan de Mercedes es eso, un slogan. Pero es verdad que nuestra sociedad lo ha adoptado en muchas cosas: de ahí la falta de templanza tan característica de nuestro siglo. 


El post podría estirarse mucho, además de que está algo deshilachado. Dejémoslo aquí y que cada cual siga, si quiere.

jueves, 11 de agosto de 2016

Lecciones olímpicas II: Jake Gibb o la veteranía inaplastable en el beach volley


Ahí lo tenemos: Jake Gibb. Un ganador en toda regla. Aunque ayer perdiera junto con su pareja Casey Patterson contra España. 

¿Cómo me he enterado yo de todo esto? Pues la vida misma. Después de visitar el Thyssen -del que ya hablaremos más adelante-, fuimos con unos amigos a pasar el día a una de esas casas con césped, sombra y piscina. Después de comer, eché un vistazo a la tele: voley playa masculino. Veamos. Y ahí estaban los españoles, más que concentrados: ganando el primer set. "Bien", pensé, "vamos a ver cómo acaba esto", porque estaban ganando el segundo set, pero les remontaban. Y les remontaron. El resultado es sabido ya: ganamos. 
Pero la cosa no era eso. Lo que me llamaba la atención, como absoluto profano en materia de voley playa, es que estuviéramos ganando a USA. 
Y ahí empecé a enterarme de cosas interesantes. Lo demás, internet, que para eso está, también.
Por ejemplo, que España ganó la medalla de plata en Londres 2012. 
Por ejemplo dos -y aquí está el grueso del asunto-, que la pareja estadounidense es también muy buena. Y que el bueno de Gibb tiene ni más ni menos que 40 años, cosa que nadie diría viendo cómo se mueve por la pista arenosa: es más que notable su agilidad. Y que el bueno de Gibb ha salido adelante en la lucha contra dos cánceres. El último, uno de testículos de 2010. 
He añadido una segunda y tercera foto porque ahí se ve a su pareja. Resulta que Casey Patterson, que por el pelaje de mohicano parecía un crío, tiene 36 años. 
Me quedo con la segunda foto: ese gesto de juventud no sólo de los hijos, sino de ellos. 
Ahí están, en esa mano izquierda, dos cánceres superados. 
Y con 40 años, en los juegos olímpicos tirándose por la arena.
Toda una lección. 
Envidia de la buena.

martes, 9 de agosto de 2016

Lecciones olímpicas I: Mireia Belmonte o Echar toda la carne en el asador

Es, por ahora, nuestra única medalla. De bronce. Es una maravilla, caray. Sobre todo por cómo la ganó: remontando, arriesgando, dándolo todo. Además, según uno se mete a investigar un poco, se da cuenta de que, como no podía ser de otra manera, estaba todo más que estudiado y trabajado en duros entrenamientos. Al final, añado unas palabras de su entrenador especialista. 
¿Qué podemos aprender de esta campeona? Quizás no su talento innato, que lo tiene, como comentan sus entrenadores. Pero sí su esfuerzo imparable, su capacidad de sacrificio: su echar toda la carne en el asador. Ganó porque supo remontar, porque acabó sin oxígeno y estirando el brazo todo lo que pudo: por una uña, por menos de la quinta parte de un segundo. 
Esa mentalidad, bien nos puede venir a todos: darse hasta el final en lo que hacemos. Y me sirve también Belmonte en esto, porque, a día de hoy, también ha dejado de clasificarse para algunas finales. No siempre sale bien todo, pero se trata de intentarlo de verdad hasta el final. 
Dicen que no es oro todo lo que reluce: en su caso es, además de su sonrisa, el bronce olímpico, y vale mucho la pena, que ha sido también mucha.


Ahí van los comentarios.

 "En varios entrenamientos hizo series de 15 metros nadando sin respirar con unas poleas que podían añadirle hasta diez kilos. Es un ejercicio que ya hacía Michael Phelps con un chaleco de peso. Es duro, pero se nota. Si eres capaz de acelerar sin respirar, si te ahorras sacar la cabeza y girar el cuerpo, la ventaja es considerable".

"Todo parte del talento innato de Mireia y de su capacidad de sacrifico. Para mejorar la patada, por ejemplo, hacemos un ejercicio: el nadador parte del fondo de la piscina en posición de flecha y debe salir a la superficie todo lo que pueda. Algunos no pasan del pecho, pero ella sale hasta las rodillas".

miércoles, 27 de julio de 2016

Federer (o "Cuando no hay, se agradece que haya habido")


Fue ayer mismo. Roger Federer anunció en su web oficial y en sus redes sociales que no iba a representar a Suiza en los Juegos Olímpicos. (Como si nos importara, dicho rápido y mal, lo que le pasa a Suiza: Roger Federer representa -para muchos- al tenis mismo. Que sea suizo es un hecho accidental). Y no solamente eso, sino que dejará de participar en torneos hasta el 2017, porque prefiere recuperarse bien y jugar un par de años más. Bien. Esperemos que vuelva a lo grande, a lo Michael Jordan.

Quería destacar un hecho que el propio Federer señala en su escrito. No sé si lo ha redactado él o su gabinete de comunicación. Sea como sea, está muy bien hecho, me parece. Dice el texto que esta experiencia, esta lesión, le ha hecho darse cuenta de la suerte que ha tenido con las lesiones a lo largo de su carrera: han sido muy pocas, en efecto. 

Me parecía y un atleta excelente y un espectacular ganador. Pero esto suma ya un grado a su mérito: sabe mirar atrás y analizar con acierto. Se puede pensar que es lógico: sin esa actitud no estaría en lo más alto. Y lo es. Ahí está, sin embargo, escrita, su declaración, que tiene una gran sabiduría no solo deportiva. 
Me explico: al faltarle a alguien algo bueno, uno puede quejarse, o puede, sin dejar de dolerse por la pérdida, agradecer y sentirse afortunado por lo que hasta ese momento ha tenido. 

Eso mismo me comentaba un amigo hace pocos días: "Quizás no soy consciente de lo que tengo. Quizás sólo lo somos cuando lo perdemos". Lo más difícil de aprender es aprenderse a uno mismo.

El que lo decía -y me envió la noticia- es, además, un gran amante del tenis de Federer.
Casualidades aprovechadas.




lunes, 25 de julio de 2016

Cerveza y lealtad (y miedo)

"Ya si eso, te llamo". 
"Vale, nos llamamos y tomamos algo".
Y cien más.
Son frases con las que uno queda sin quedar, con lo contradictorio que suena... y es.

Que conste que no me patrocina Estrella Galicia. Pero hace unos días, en Madrid, mientras huíamos del calor como podíamos, unos amigos decidimos tomar una cerveza y unas patatitas.

Y nos las trajeron, previa entrega de el presente cartoncillo que se usa para no ensuciar la mesa. Todo un mensaje. 
Nuestra sociedad, que avanzó y avanza con la palabra dada, se viene abajo cuando se resiente el valor que le damos a nuestras promesas. 
Basta pensar -ojo al salto- en la fama que tiene el matrimonio. O la vida consagrada. Prometerse.  ¡Qué palabra! Comprometerse. ¡Otra todavía peor, que exige dos libertades! Ponerse a uno y a otro delante, en el tiempo, en el futuro: comprometer mi futuro. ¿Comprometerme, yo? ¡Eso limita mi libertad! Claro, en el mismo sentido en que vivir en una casa me limita porque ya no vivo en otra. Pero ese "limitar" es un uso muy peculiar y rebuscado de la palabra. Mejor vivir en una casa que no bajo el puente, cosa que limitaría también en varios sentidos.

Miedo al compromiso, decíamos. Un miedo que está en todas partes. Por el fracaso posible, me imagino. Aquí, un post antiguo al respecto. 

Miedo al compromiso, ¿eh? Pues el compromiso -y las promesas- son unas de las cosas que nos diferencian de los animales. El hecho de que nuestro ser no es meramente físico y que, por eso mismo, ha encontrado algunas cosas que tampoco lo son (dos y dos son cuatro, por ejemplo, ya hace mucho tiempo, porque no depende del tiempo).
Y que, imitando a esas cosas, ha visto que podemos surfear por encima de él y afirmar cosas que, en lo que dependen de nosotros, no van a cambiar. No hace falta perder ahora el juicio y dedicarle mucho más tiempo a este asunto. Sólo volver a echar un vistazo al tapetillo para la cerveza que he puesto hoy de foto. Y revalorizar la propia palabra dada: "si quedas, quedas". Educarse y educar en la lealtad: en lo pequeño y en lo grande.

Cerveza y lealtad, claro que sí.

jueves, 30 de junio de 2016

Shakespeare y El Equipo A: valor, dinero y cerebro.

Hace ya un mes o así pude ver este remake de la famosa serie de la que algunas veces disfrutaba cuando era un canijo. Ya me he recuperado: ya puedo decir algo sobre una frase que tomé prestada. Pero, ¡lo que son las cosas!, la voy a unir con una maravilla shakespeareana. Porque resulta que estoy leyendo "El mercader de Venecia" y, claro, cada dos por tres podría pararme a tomar notas. Me he quedado con una, por el momento.

En "El equipo A", ese atajo de hombretones sin ley y métodos, se da un choque de intereses entre ellos y la ley. Poco menos chulos que nuestros protagonistas, en un momento dado, tienen un diálogo con Hannibal.
Empiezan ellos. Y la respuesta de Hannibal está a la altura:

-Ganamos en una semana lo que vosotros en un año.
-El dinero no puede comprar ni el valor ni el cerebro. Y a vosotros os faltan ambas cosas.

Y se va, tan pancho y con uno de sus míticos puros en la boca.

Lo cierto es que la frase es contundente. Y cierta.
Ahora propongo un ejercicio de imaginación.
Ahí va.
¿Qué pasaría si, en lugar de esa frase, le hubiera dicho algo un tanto diferente? Puestos a imaginar, podría habérselo soltado en medio de sus ideas. Es una frase de Basanio, un personaje de El mercader de Venecia:

"¡Cuántos cobardes, cuyos corazones son tal falsos como gradas de arena, llevan en sus rostros las barbas de Hércules y de Marte, con el ceño malhumorado, y cuando se les escruta interiormente se encuentra el hígado blanco como la leche! No se adornan con estas excrecencias del valor más que para hacerse temibles".

Y luego, añadir la suya.

Bromas a parte, es notable el cambio de registro.
Pero se me ocurren dos cosas más.

La primera, que la verdad es poliédrica: tiene muchas caras, aunque sea una. Se puede expresar de muchas maneras. Nadie hay tan tonto que no sea capaz de ser golpeado por la verdad (Truth hits everybody, dice Sting).

La segunda, que el hombre tiene capas... y caras. Y que la verdad está dentro. Y que es mejor que salga habitualmente: ser un hombre veraz no tiene precio, aunque sí coste. Y que compensa.





sábado, 25 de junio de 2016

Avengers II y ¡la familia y el trabajo!

Ayer pude disfrutar de lo lindo de este McDonalds cinematográfico, que eso es "Avengers II: age of Ultron" o "Los vengadores II: la era de Ultrón". Una película de acción para pasar un buen rato y pensar poco. 

Digo poco porque siempre hay alguna cosa bonita en esas películas de machotes con capa, músculos y armas, y tiporras que reparten botefetones a espuertas sin despeinar su precioso cabello de ensueño.
Y aparecieron varias también en esa cinta. Cito la primera y me quedon con la segunda, que explicaremos un poco. Resulta que los Avengers están medio hipnotizados y depresivos, y van a reunirse a un lugar seguro: a casa de uno de ellos, donde espera la fiel mujer con sus hijos pequeños. Todo un detalle. Forzando un poco, lo compararíamos al mítico Ulises volviendo a Ítaca: el hogar, ese imán irresistible si se ha logrado que sea más que una casa, más que puro ladrillo.
Y la segunda: un diálogo estremecedor por su absoluta y devastadora actualidad. Muy fuerte lo he dicho, sí. Pero es así.

Nat, la Avenger a la que encarna Scarlet Johansonn, se enamora de La Masa en su versión no monstruosa. (Aclaro: La Masa es un científico que no puede controlar su transformación a monstruo deforme y fortísimo, por abreviar). En un momento dado, Nat se declara, y La Masa se lo recrimina: no puede controlarse y ser normal. No puede tener hijos. En ese monto, Nat dice que ella tampoco. En el proceso de aprendizaje de asesina profesional, la estirilizan. Ahí van sus palabras:


-Te esterilizan. Es efectivo. Lo único que podrían ser más importante que la misión. 

Breve pero contundente. Malévolo.

Las mujeres -y también los hombres, pero especialmente ellas- tienen un natural instinto maternal. Quieren ser madres. 
Eso lo saben quienes se dedican a explotar laboralmente a las mujeres. Y a los hombres. En la película, está clarísimo. En la vida, posiblemente sea algo más velado, pero también es claro. 
A Nat la esterilizan para que nada se interponga entre ella y su trabajo. ¿Un hijo? No, que es fuente de distracción. Así piensan en la película. 

¿Y en la vida real?
En la vida real es igual de contundente: no dar tiempo para criarlos o, si se da un embarazo, una cierta presión para que no tenga al bebé. Una presión que puede ser sutil y en forma de comentario: "mira, no sé si tendremos sitio para ti después, si te vas". Esa presión no me la invento yo. Ya sé que hay empresas que lo hacen bien, por supuesto.

Para acabar, quisiera señalar que no hay que ser tan directo para ser dañino. 
También es minador e igual de desestabilizador aquel trabajo que no te deja tiempo para los tuyos. Poca familia tendrá quien apenas esté en casa. Hay que estar, y hay que estar en momentos de calidad.

En resumen: me pareció ver un alegato al antiguo y entrañable orden de prioridades. Primero la familia y luego el trabajo. Un equilibrio nada sencillo. 

sábado, 18 de junio de 2016

Capillas católicas, aborto libre y educación laica (post largo)

Hace pocos días, la capilla que hay en Universidad Autónoma de Madrid, amaneció así de pintada. Y, aunque no se vea en la foto, sucio el suelo. El sacerdote encargado, entró, vió, cerró y se marchó a denunciarlo, sin ánimo de armar un jaleo. Pero se ha armado. ¿Por qué?


Se pueden decir muchas cosas al respecto. Podríamos mezclar muchas cosas, como hacen las pintadas.

Pero sólo quiero decir tres ideas sobre la educación. 
Para no divagar, he cogido la definición de la RAE:
Primera. 

La acepción que comienza la definición de educación  es genérica.
De la segunda, podemos sacar una definición, uniéndola con la tercera. 
Tomo de la cuarta acepción el uso típico cuando se recrimina a alguien su mal hacer.

De la cuarta sacaré la primera breve idea, para empezar. 
Si alguien entra en un sitio (el que sea) y hace una pintada en la pared, es un maleducado. A no ser que la pared sea suya o, al menos, tenga permiso para hacerlo.
Si la pintada es en un lugar especial (por decirlo así), la cosa empeora: es de peor educación.
Es, como mínimo, paradójico (si no contradictorio) que se clame por una educación cometiendo esa acción, tan maleducada. Se le hace un flaco favor a la educación que se intenta defender.  Me recuerda al chiste que ahora pongo. 


Segunda idea:

La pintada que reclama una educación laica pide, "sencillamente", que se eliminen las crianzas, enseñanzas y doctrinas religiosas. En concreto, católicas. Y es este un pequeño matiz de grandísima importancia. Obviaremos el hecho de que jamás se verá una pintada así en una mezquita.

Se suele justificar esta opción porque la religión católica, se dice, SÓLO crea degenerados, gente irresponsable, asesinos, maltratadores de mujeres y niños, y demás gente de mala fama y peores acciones.

¿Son así todos?
Obviamente, no.

¿Hay alguno así?
Sí. Y también -conviene decirlo- hay quien actúa así (o peor) sin ser católicos. Pero vayamos a los católicos.

Los que son así, ¿lo son por seguir esa educación o, PRECISAMENTE, por no haberla seguido?
Por no haberla seguido, sin duda, porque la educación católica condena esos hechos. Así que, si uno lo hace, actúa en contra de lo aprendido. Existe, también para los católicos, ese pareja de oro llamada libertad y responsabilidad. Porque la libertad sola no sabe adónde ir, y se convierte en el mito adolescente por antonomasia. 

Quizás no la siguieron -se puede decir- porque es imposible seguirla.
Falso, porque ya hay quien la sigue. A esos habrá que preguntarles cómo lo hacen. Y no, si lo hacen.

Quizás no la siguieron -puede decirse, entonces, porque les era imposible seguirla.
Porque les enseñaron mal esa doctrina, ya sea en los fines que busca, como en los medios para conseguir esos fines. 
Porque sus acciones no tienen nada que ver con su educación: quizás actúa así sin saber por qué, o movido por la enfermedad, cosa que haría de él un sujeto no totalmente responsable de sus hechos.


Para acabar, una tercera idea, ya que estamos. 
Se dice -lo dicen, como mínimo, algunos de los que propalan y defienden la educación laica: yo lo he oído- que la educación católica es absurda, retrógrada, pasada de moda y sin seguidores apenas. 
Bien. Pero, entonces, ¿por qué hacerle caso? ¿Me meto yo acaso en los mítines de quienes hablan en contra de mis ideas para boicotearlos sin ningún tipo de educación? 
Como no hay un debate de ideas, sin violencia, hay cosas de estas: gritos, pintadas, tipas destetadas que boicotean a obispos, etc. 
Lo cual, si se piensa tres segundos, desautoriza no a ese tipo de educación, sino a quienes pretenden defenderla así. 

Hablando se entiende la gente. 
Pero ya no se habla, por lo visto.



martes, 7 de junio de 2016

Las cosas que importan (no son cosas)

Este pasado fin de semana he podido disfrutar de lo lindo en compañía de mi familia. Celebramos un aniversario de boda de mis padres: el cuadragésimo. Cuarenta años, vamos. 

El resumen, que compartimos unos cuantos, fue: en esta vida, hay que dedicarse a las cosas que importan. 

Y allí estábamos, material bebible en mano, pasando horas (así, en plural), en ese tan imprescindible dolce far niente: hablando de todo lo que se nos ocurría. Y pude aprender mucho de historia y música y economía y gastronomía y filosofía... y algo de inglés. Porque hablar es una de las cosas que importan. 
Y escuchar, su pareja insustituible. Dialogar. Para aprender, para rectificar un punto de vista, para entender al otro, para comprender sus motivos; o sus gustos, esa cosa tan opinable.
Y luego cantamos y bailamos, y nos reímos como condenados. 
Y comimos, que no somos espíritus puros. Y hubo detalles en esas comidas: baratos, pero detalles. 
Y hubo servicio en las comidas también: porque no se hace sola, la comida. Y hubo quien la hizo, en silencio, o cantando. 
Y hubo preocupación por los demás, para que estuvieran a gusto. 


Y dimos gracias por la familia, que nos parió y crió.
Y por las cosas que importan, que, en definitiva, no son cosas.

lunes, 9 de mayo de 2016

Al Dios desconocido (y el mal)

Han pasado unos 2000 años -alguno más- y seguimos igual, con la inquietud de siempre y la búsqueda incesante.


El otro día, volví a leerlo: "Pablo, de pie, en medio del Aréopago, dijo: Atenienses, veo que ustedes son, desde todo punto de vista, los más religiosos de todos los hombres. En efecto, mientras me paseaba mirando los monumentos sagrados que ustedes tienen, encontré entre otras cosas un altar con esta inscripción: «Al dios desconocido». Ahora, yo vengo a anunciarles eso que ustedes adoran sin conocer. El Dios que ha hecho el mundo y todo lo que hay en él no habita en templos hechos por manos de hombre, porque es el Señor del cielo y de la tierra. Tampoco puede ser servido por manos humanas como si tuviera necesidad de algo, ya que él da a todos la vida, el aliento y todas las cosas".

Y, casi cada día, en las entrevistas de los diarios. Las personas salen de la pregunta como pueden: "algo hay", "quiero creer que hay algo", "una inteligencia superior nos debe de gobernar", y similares. También están los indiferentes y los ateos. Entre ellos, los más comunes, ateos por rebote de una imagen de un Dios bueno sin más. Dios no puede ser bueno si hay mal en el mundo. Y dicen que es bueno, así que no existe. 

Sin pretender agotar (ni casi empezar) el tema, me gustaría decir algunas cosas. 

1. Dios es bueno (dicen las religiones)
2. Todo lo que hace Dios es bueno necesariamente
3. El mundo lo ha hecho Dios (incluso "bien hecho", dicen las religiones)
Pero
4. En el mundo hay cosas malas

así que...

a. El mundo no lo ha hecho Dios
b. En el mundo no hay cosas malas (lo cual contradice a la realidad, según cómo se entienda qué es malo)
c. Dios no es bueno
d. Dios no existe


Esta es el modo de razonar, creo, y la lógica que se sigue para afirmar que, si hay mal en el mundo, Dios no existe.

La falta de matiz mata el razonamiento, me parece. Porque...

1. Que algo o alguien sea bueno no significa que sea agradable siempre. El papá que quita el capricho a su niño es "malo" pero es bueno. Hay algo torcido en esos caprichos. Alguna religión (el catolicismo, por ejemplo), tiene explicación a esto último.

2. El "necesariamente" nos mata. Una cascada de agua es buena y bella, pero si me cae el agua encima y me mato, es mala. Lo creado es bueno (dice el catolicismo), pero yo puedo ser dañado por ello. El hombre es creado también, y no es necesariamente bueno. Hubo una ruptura primigenia que nos dañó. Pecado, le llama el catolicismo. Podemos equivocarnos y hacer el mal. Podemos ser malos a base de hacernos malos. 

3. El mundo lo ha hecho Dios, pero el hombre también ha puesto su mano (torcida, a veces) en él, así que no es necesariamente bueno. Eso cambia de nuevo el punto 2. 

4. En el mundo hay cosas malas. Aquí es donde nos tendríamos que parar tres o cuatro... años. Santo Tomás escribió, como tantos otros antes y después, un tratado sobre el mal: "De malo", se llama. "Sobre el mal", en castellano. El el punto 2 hemos dicho ya algo sobre ese "cosas malas". El catolicismo se atreve a decir que el mal absoluto no existe: no hay nada que sea totalmente malo. 

sábado, 7 de mayo de 2016

Canelones: ¡marketing y educación en el S.XXI!

Ha sido todo una revelación. Después de ver a un amigo, he salido a la calle con algo de prisa: llovía y quería volver a casa. En un aparador me esperaba la agradable sorpresa de un cartel de color amarillo. Con un diseño agradable, invitaba a ser leído. Y eso he hecho: 

"Todos sabemos que lo más importante ha estado siempre en el interior".

Caray, me he dicho. Sólo después he ampliado el campo de visión para ver a qué tienda correspondía ese ejercicio de márketing tan simpático y bien logrado: ingenuo de mí, pensaba que se trataba de un artificio para que entrara a la tienda. Pero era mejor que eso. Resulta que la tienda era una carnicería... Y el anuncio cantaba las alabanzas -lo he visto más tarde- de los increíbles canelones sin par que allí se hacen... gracias a la interior carne. La prisa ha hecho que no lo fotografiara. Pero tenía una foto similar.
(By the way, la foto similar, la de los canelones, muestra la obra de arte que nos preparó mi madre el otro día. Un beso para ella). 

¿Y bien?
Claro, cada cual es hijo de sus padres y su tiempo... y sus estudios. Yo diría que el tipo que colgó el cartel quería jugar con un doble sentido: el físico (cárnico) y el metafísico. Con el segundo nos vamos a quedar aquí, con permiso del lector, que yo no soy carnicero, pero es obvio que un canelón sin carne no tiene gracia.

Todos sabemos que lo más importante ha estado siempre en el interior. Así es. "Todos sabemos" eso, como dice el anuncio. Pero vivimos de otros modo, tan a menudo, que es un saber sin saber.

Además, hay matices, que también cuida el anuncio: 

Primero: "lo más importante" no es "lo único importante". Descuidar lo que no es lo más importante no es bueno. Un canelón sin pasta no es un canelón. Y si es mala, es también un mal canelón, por buena que sea la carne. Un canelón es la suma de pasta y carne. Qué gran consecuencia si uno pasa de los canelones a los hombres de carne y hueso y espíritu.


Segundo: Lo más importante en las personas es su interior, su interioridad, su intimidad... ¿Se refiere al estómago o a las demás vísceras? Sin duda, a la vida de su espíritu: su espiritualidad. 
Y no me refiero a la religión solamente. No es lo mismo la vida espiritual que la vida sobrenatural. Se puede decir, con matices, que un hombre que, pudiendo hacerlo, no lee jamás y sí reza, tiene vida religiosa, pero poca vida espiritual. El espíritu se alimenta de la verdad, el bien y la belleza.  
Y del arte, en general, en todas sus expresiones. 
Y ahí están las letras también. 

La conclusión está clara: el hombre necesita vivir una vida integral (para lo cual necesitamos una educación integral) no podemos usar nuestro tiempo únicamente para poner nuestro cuerpo a punto... para no se sabe qué actividades únicamente físicas o biológicas. Es un reduccionismo que pasa factura: el hombre es más que un cuerpo y tratarlo como si sólo fuera eso le causa una dañina atrofia. Lo mismo ocurre con quien sólo lee y apenas se mueve. Mens sana in corpore sano. 


Se trataría de alimentar de vez en cuando la vida interior de cada cual, como sugiere esta segunda foto que hice hace unos meses.

Al respecto, y como posibles sugerencias concretas de los dos tipos (espirituales y sobrenaturales), ahí va un poema de François-Xavier Nguyen Van Thuan, un cardenal que pasó 13 años en la cárcel, 9 de ellos en régimen de aislamiento. Está sacado de un libro cuyo título puede parecer increíble, vista su vida: "La alegría de vivir la fe".


El tesoro al alcance de de tu mano

Usar el tiempo para pensar,
porque es la fuente de la fuerza. 
Usar el tiempo también para recrearse
Porque es el secreto de la primavera eterna
Usar el tiempo para leer,
Porque es la base del conocimiento. 
Usar el tiempo para amar y ser  amado,
Porque es la gracia de Dios
Usar el tiempo para elegir a los amigos
Porque es el camino de la felicidad
Usar el tiempo para sonreír
Porque es la música del alma 
Usar el tiempo para dar,
Porque la vida es demasiado breve para encerrarse en el egoísmo
Usar el tiempo para llevar el Evangelio,
Porque es tu noble misión
Usar el tiempo para orar,
Porque esta esa fuerza más potente de la tierra 


Toma del frasco. 

Añado ahora, para mayor información del lector, una breve biografía de quién es el autor del poema.

François-Xavier Nguyễn Văn Thuận (Hue, Vietnam, 17 de abril de 1928 - Roma, Italia, 16 de septiembre de 2002) fue un obispo y cardenal de la Iglesia Católica.
Fue ordenado presbítero en a los 25 años, en 1953; obtuvo el grado de doctor en Derecho Canónico en 1959. 
Durante ocho años fue obispo de Nhatrang (1967-1975). 
En 1975 Pablo VI le nombró arzobispo coadjuntor de Saigón. A los pocos meses, con la llegada del régimen comunista al poder de Vietnam, fue arrestado. Como ya hemos dicho pasó 13 años en la cárcel, 9 de ellos en régimen de aislamiento. 
En 1988 fue liberado y puesto bajo régimen de arresto domiciliario en Hanoi, sin permitírsele regresar a su sede diocesana. 
En 1991 se le autorizó ir de visita a Roma pero no se le permitió el regreso. Desde entonces vivió exiliado en esa ciudad.
Juan Pablo II le nombró, en 1994, presidente del Pontificio Consejo Justicia y Paz a la vez que dimitió como Obispo coadjutor de Saigón (llamada ahora Ciudad Ho Chi Min). En 2001, el mismo papa lo creó cardenal de Santa María de la Scala. Falleció el 16 de septiembre de 2002 en una clínica de Roma, víctima de cáncer.
Está en proceso de beatificación y canonización. 

No me extraña ni un pelo.

sábado, 16 de abril de 2016

Come y bebe sin límite (y así nos va): educar en la templanza

Es publicidad, ya lo sé.
La foto la hice yo, después de comer pizzas con dos amigos, ya lo sé.
Pero esa publicidad no sólo hace comprar: da que pensar. 

Me parece que es muy de nuestro amado siglo XXI: ese "sin límites" la delata. Y los verbos y expresiones, también: "atrévete", "todo lo que quieras".

Es, en una palabra (en una, por cierto, que se usa poco), una publicidad hecha con mentalidad destemplada. Es el viejo truco: vender el placer sin límites. Y, si se me apura, el "sin límites" tan propio e impropio del hombre. Tan propio porque lo encontramos en los relatos más antiguos del hombre: "seréis como dioses". Y tan impropio porque, nos guste o no, sí tenemos límites. Es la tensión interior de siempre. 

Decir obviedades tiene su qué. Sostener, por ejemplo, que "el hombre es real", o que "es como es", puede parecer vacío. Pero hay que partir de ahí para avanzar seguro. El estómago de un hombre, por ejemplo. Tiene un límite. Puede ir uno comiendo más y más, pero lo que le sentará mal no será solamente la comida. La templanza y la destemplanza tienen repercusiones en la persona entera, y no solo en su cuerpo. Decía Joseph Pieper, ese filósofo reciente, que es en la templanza donde se ve con peculiar facilidad la unión entre moral y salud: el destemplado no es solo poco virtuoso, sino que con frecuencia enferma. La palabra "adicción" está en nuestros periódicos demasiado a menudo.

Una sociedad que invita a comer y beber sin límite es una sociedad destemplada: enferma, en el fondo. Porque quien actúa sin límite es menos hombre y más animal. Y peor que un animal porque ellos llevan en sí un instinto regulador casi infalible.

Decía mi profesor de filosofía que el hombre es infinitible: capaz del infinito. Pero que un espacio infinito sólo se puede llenar con algo infinito. La otra opción, que siempre lleva al desasosiego de quien no está satisfecho, es intentar llenar esa ansia de infinito con infinitas cosas finitas. La realidad nos da en la cara. Al no ser uno capaz de hacer algo infinitas veces, crece la insatisfacción y demás palabras horribles... y tan corrientes.

Come y bebe con límites: los que tu razón y tú sentido común -tu prudencia- te dicten.
Otro reto para los educadores del siglo XXI: educar en la templanza, en el punto medio del placer, en el ni todo ni nada, en el no todo y no siempre.

domingo, 10 de abril de 2016

Modelos integrales: algo más que "un tío en bolas"

Esa es la cara que, probablemente, le pondría el bueno de Miguel Ángel, o el propio rey David a uno de mis alumnos. 
Colgué en clase una foto -de cuerpo entero- del David, para que, poco a poco, se familiaricen con las grandes esculturas. Antes de irse al descanso, en un pequeño corrillo, se acerca el susodicho y comenta: 

-Vas y nos pones un tío en bolas...

No está mal. Por suerte, el comentario era en broma.
Lo cierto es que se me ocurrió comentar varias cosas, pero las guardaba en la nevera. Hasta hoy.

Porque, además, habíamos explicado hacía poco el Renacimiento, en general y aplicado a la literatura, y cómo ese movimiento toma por modelos a los grandes clásicos griegos... y cómo los amplía, con temáticas que los griegos no sospecharon. El David es un claro ejemplo: un rey ejemplar de los pies a la cabeza. Y uso la palabra "ejemplar" porque su vida no fue de milagro en milagro, precisamente: fue un pastor humilde a sus inicios; por vago, se convirtió en un momento en adúltero y asesino a mitad de vida, y, después de una notable conversión, piadoso y recto en sus últimos días, además de poeta.

¿Y qué?
Pues esto.

Aquí tenemos a los otros modelos. De cuerpos esculpidos. 
Muchos -la fotografía es un ejemplo claro- la han vuelto a tomar con Ronaldo, el pobrecillo. No diré lo que ya dije aquí en otra ocasión.

El comentario es simple: ¿qué tipo de modelos queremos? ¿Físicos o integrales? Sinceramente, de Ronaldo -y demás futbolistas- no espero mucho más que goles y físico aplicado al objetivo deportivo. Si de vez en cuando, sabedores de que la gente los mira, hacen algo bueno (una campaña de ir al asilo o a un hospital), pues mucho mejor...

Modelos físicos, nos sobran. Y nos empiezan a molestar. Mejor dicho: empezamos a darnos cuenta de que nos molestaban. Hace poco salió a la luz -y fue criticada con rapidez- una moda que había irrumpido con fuerza en las adolescentes chinas: la delgadez A4. Huelga decir en qué consiste, vista la foto adjunta. 
U otra noticia sonada, cuyo dato exacto no pienso buscar ahora: una campaña de ropa de marca famosa que ha sido vetada por la extrema delgadez de la modelo.

No: los modelos que necesitamos son como el rey David. 
Miguel Ángel, pagado como el que más, nos da la ocasión de explicarlo: hombres posiblemente estilizados en lo físico cuya historia no ha sido estilizada en absoluto. 
Modelos de carne y hueso. Y espíritu. 
Gente luchadora... pero con un poquito más de trascendencia y humanidad. 
Modelos integrales.
Un reto de la educación consiste en proponerlos. 





lunes, 4 de abril de 2016

El puente de los espías: verdades y derechos intangibles, inmutables e intemporales


Han pasado unos días ya, pero todavía recuerdo con satisfacción algunas escenas y diálogos de "El puente de los espías", la última película de Spielberg, que recomiendo vivamente. 
Por casualidad, había escuchado en la radio una crítica de la película. Era favorable. Decía que Spielberg había vuelto a las películas de guión y personajes, más que de acción. No sé mucho de este gran director de cine, pero me pareció que aquella crítica dejaba por los aires a la película. Personajes: modelos, que es lo que necesitamos hoy día. Y siempre.

Así, desde el principio de la película, está bien elegido y filmado lo que se quiere transmitir.
Me quedaría con tres frases, que describen a los dos personajes y su manera de ver el mundo, tan distante en los superficial y tan parecida en lo profundo:

La primera es la reiterada y fría respuesta del presunto espía soviético -"¿Ayudaría?"- a las emocionales preguntas del abogado: "¿No le da miedo morir?", y similares. Retrata el frío soviético encarnado en una persona. Es interesante ver cómo esta frialdad es simulada: la coraza protectora de una sensibilidad de artista; y de la identidad de un espía, ni más ni menos.

La segunda es la descripción que da el espía de su abogado, Tom Hanks. Le acaba por llamar "hombre firme": hombre de principios. Es un momento fuerte de la película. El espía ha sido fiel a sus ideales, y también el abogado americano, que le defiende por encima de intereses mezquinos. 

La tercera frase, que bien puede ser un resumen de la película y su tema, es la dura y concisa respuesta de Tom Hanks a un pez gordo de la CIA. En una discusión, el jefazo le intenta extorsionar: la situación de tensión de guerra hace que, según su visión, deba dejar de lado el secreto de oficio de abogado y sacar a la luz lo que el espía le diga en sus conversaciones. El gran argumento que le da, visto el status quo del momento, es que el espía es ruso y que no tiene derechos en América. El bien de la país requiere el "aquí no hay reglas".
La respuesta es brillante. No voy a citarla literalmente, pero es algo así como: "usted es Hoffmann, alemán; yo, Donovan, Irlandés. Lo que nos hace americanos es una norma. La constitución. Son normas que acordamos. Nos hacen americanos. Así que no me diga que no hay normas". La puntilla, que se hace imprescindible para dar ese toque de tensión necesaria, es memorable: "y deje de asentir, maldito hijo de puta". 

Al final, tanto el espía como el abogado, tan diferentes en apariencia, se guían por unos valores que están por encima de sus vidas. La constitución no es sólo "un acuerdo que hicimos". Lo respeto porque veo que hay algo que sobrepasa a nuestro mero acuerdo, y que es la razón por la que lo acordamos y por la que juramos defenderla. No es papel mojado: son leyes no escritas que empapan las leyes escritas, razón por la que uno no puede desobedecerlas así como así... en conciencia. Y ese "en conciencia" hace que uno sea un "hombre firme". Con lo que se cierra el círculo.

Y que cada uno tire del hilo.

jueves, 31 de marzo de 2016

Aprender inglés (¡o metafísica!)

Reconozco que he abandonado el curso de inglés: el caos.
Pero, mientras lo seguía con periodicidad, hice algunos pantallazos, y no precisamente para mostrar que el curso me iba bien. Aquí va uno de ellos.
 
Resulta que, como se ve, la traducción de "hacerse realidad" es "to come true". Es algo que tiene su interés. Cada idioma se las apaña como puede para, con sus palabras y giros lingüísticos propios, hablar de las realidades más complejas: las metafísicas. Es decir: lo relacionado con el ser, el cambio, el venir a ser... La realidad, en resumen. La metafísica es la ciencia del ser. Ontología, la llaman también, con otros matices.
 
Digo que la frase tiene su miga porque una traducción literal (y falsa, por tanto) del inglés "come true", sería "venir verdaderos" o "venir a lo verdadero". "Espero que tus sueños", en el ejemplo de la fotografía, "vengan verdaderos". O "vengan a ser verdad".
 
¿Y?
Que se habla de la verdad, ese gran tema; uno de los temas humanos por excelencia.
Y que ha habido muchos pensadores y filósofos que han relacionado verdad y ser. En concreto, dice San Agustín que "la verdad es lo que es". La verdad es la realidad. Algo es verdad cuando es.
 
En un sencillo ejemplo, se dice algo muy importante y profundo, porque la sencillez y la profundidad no están reñidas. A saber: que Descartes (y algunos más) no tienen razón al hablar de la confusión de la realidad con el sueño como excusa para el conocimiento, que los sueños no son verdad por sí, sino solo realidad mental. Y que la realidad extramental, otro tipo, se puede conocer. Y que la verdad tiene algo que ver con lo mental y con lo extramental. Y algunas cosas más que se podrían deducir, pero que superan ya lo que un blog soporta.