Agitar antes de usar (dictaduras blandas)

El lema está claro: gire el spray, agite antes de usarlo, y déle.
Y, pensaba, lo mismo ocurre con la gente en masa. Antes de usarla, hay que agitarla. Eso lo saben los buenos dictadores.
Las personas singulares, una a una, son difícilmente utilizables: porque sólo el miedo o la búsqueda de placer o poder puede corromperlas. Además, es poco útil una persona sola.
Pero la masa... ¡eso es otra cosa! Un buen puñado de gente anónima, un grupo del que sale una piedra sin nombre que hiere a alguien de modo eficaz... ¡qué maravilla! El el sueño de todo ser perverso: tener un séquito de gente que no usa el cerebro, sino las manos.
Sin embargo, para lograr esa maravilla, hace falta, precisamente, que apaguen su cerebro. El quid está, sin duda, en que usen más las hormonas que las neuronas. Y para eso hay que agitarles: apelar a sus instintos y sentimientos; jamás a la razón. Hay que darles pan y circo. O dorgas, sexo y rock&roll. O carne (de tipa) y fútbol. Y un iPhone. Y así nos llevan: como rebaños. Una vez agitados, ya están los hombres-masa listos para ser usados.
Lo que da de sí un desodorante matutino.

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