Futuro y educación (¡ III !): no evitar todo el dolor

No hay dos sin tres, dicen. Así que aquí van estas breves líneas sobre el asunto ya tratado en el blog en dos ocasiones: el futuro y la educación.

El titular de la página es desolador: "La falta de expectativas aumenta la depresión entre los jóvenes". La juventud: esa edad, repetimos, de la apertura valiente y tenaz hacia el futuro incierto. Luego volveremos a esta frase.

El subtítulo es igualmente duro: "la crisis y la poca tolerancia a la frustración contribuyen al malestar psicológico". 

Comentemos ahora esta segunda frase destacada. Vaya por delante, sin embargo, que lo que se va a decir aquí tiene el siguiente supuesto. La escuela es secundario. Primero, la familia. Después, la escuela y demás ámbitos formativos.

"La poca tolerancia a la frustración"...  Me parece un poco exagerada la palabra "frustración". Dice la RAE que "frustrar" significa "privar a alguien de lo que esperaba". 

Pero ¿es esperar no mismo que tener esperanza? 
No. De todos modos, diría que el problema es algo más hondo. Se trata de lo que uno espera. Se trata de la falta de virtudes cardinales: la templanza y la fortaleza sobre todo. Me explico. La crisis ha privado de mucha cosa esperada: de mucho regalo tonto, de mucha moto, de mucho capricho. Eso ha generado frustraciones... tontas. Y ha desvelado que nuestras esperanzas eran vanas. Sólo un caprichoso, un mimado -de la edad que sea: los hay de 40 años; y más- espera que la vida sea siempre placentera, agradable. Busca siempre satisfacciones a cambio. La vida, sin embargo, se ha vuelto dura y nuestros moldes se han roto: se acabó el regalo continuo, el irse de crucero, etc.

"La falta de expectativas aumenta la depresión", decía la primera frase. Qué buena cosa ha sido la crisis, en según qué sentido. Ha destrozado nuestro idolillo tonto. (Sé que en algunos casos ha sido una catástrofe: gente fuerte y recia se ha quedado sin trabajo y sin dinero, y se ha provocado tragedias de verdad).

Es hora de dar buenos horizontes a nuestros jóvenes. De tirar para arriba y no quedarse a ras de suelo. De enseñarles a no quedarse en el regalo barato, en la satisfacción estúpida de un simple "like", o de un seguidor más, o de la aplauso superficial de un adulador online. De mostrar los bienes que compensan esa frustración. De poder evitar el "tanto esfuerzo para nada".

Es hora -y ojo con el salto al infinito- de volver a cosas como la que sigue: "Si dijeres: “¡basta!”, estás perdido. Aumenta siempre, progresa siempre, avanza siempre, no te pares en el camino, no vuelvas atrás, no te desvíes." Y no se trata de un vendedor de humo. De un escritor de libros de autoayuda. Se trata de San Agustín de Hipona. Del hombre que fue comiéndose sus frustraciones -sus fracasos- hasta llegar a conseguir lo que esperaba. Del hombre que tuvo que aprender a dejar de lado los aplausos exteriores para atender a su conciencia, que le recriminaba por su vida libertina. Del hombre que, como muchos, sabía que después de un pequeño "no" hay que levantarse porque no todo lo bueno llega a la primera. Es más, casi nunca lo hace. "A la tercera va la vencida", dice la sabiduría popular, que por algo lo es.
Fortaleza y templanza para nuestros adolescentes. Y ya desde niños, que luego es tarde: exponerles realmente desde pequeños al fracaso real. Enseñarles a que insistan si la cosa lo merece. Ahí están las dos puntos de importancia capital: lo que uno quiere lograr tiene que ser bueno, merecedor de mi esfuerzo.  ¿Para que ir haciendo el pino al Himalaya? Eso cuesta, pero no compensa. En otras palabras: tiene que valer la pena, el dolor. Si es que el lenguaje no habla en vano...

Acabo con un antiejemplo de lo que hemos llegado a hacer por evitar las frustraciones normales de la vida. Un comité de fútbol ha decidido que los penalties se tiren antes de empezar el partido. Para evitar traumas. No comentaré nada, que cada cual tiene cerebro.

¡Feliz Pascua!

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
Gracias por este texto, Jose. Soy joven y estoy ante un futuro profesional muy incierto, al haber decidido cambiar de rumbo. Leer algo así me invita a seguir trabajando sin descanso y tener la esperanza de que saldrá algo bueno de todo esto.

Gracias!