El pensamiento y los agentes secretos...

¿Qué tiene que ver el pensamiento con los agentes secretos? Mucho, por supuesto. Pero, para lo que aquí nos interesa, probablemente nada de lo que uno se imagina.

Resulta que estoy con "El agente secreto", un señor libro, de Joseph Conrad. No creo haber leído nunca un libro que cuide tantísimo la forma. Esos adjetivos, tan frecuentes y tan bien encontrados; esas descripciones en que lo subjetivo y lo objetivo se hallan excepcionalmente bien unidas... Nunca, sin duda. Conrad es, de todos modos, muy negativo para mi gusto. Si hay una mesa, estará apolillada; si un personaje sonríe, será imperceptiblemente y con sonrisa amarga... Un prodigio de la precisión, pero en negativo. De todos modos, no quería detenerme en este particular, sino, como suele pasar en este blog, en una frase-cerilla. Son ese tipo de frases que se le encienden a uno y dan luz, porque le llevan a otros lugares: a temas interesantes y de calado. 

Aquí va la que leí hace dos días: 
"El pensamiento no tiene miramientos por ninguna persona"
Es, bien pensado, un alegato por el realismo filosófico. O eso me pareció. 
En efecto: sostener que "el pensamiento no tiene miramientos por ninguna persona", ¿no significa entender que el pensamiento esta, de algún modo, por encima de nosotros? Así lo entendí yo. 
Es decir: por supuesto que las cosas las pensamos nosotros, pero hay algo en nuestro pensar que escapa de nuestro control. El pensamiento no se queda en nuestra mente: tiene tendencia a salir a fuera. A eso se le llama, a veces, intencionalidad. Cuando uno piensa, lo hace sobre el mundo real y con pretensiones de verdad. ¡Y por fin aparece la palabra: verdad!

Se me ocurren dos consecuencias:
Primera: por más que ame a una persona, si lo que pienso le afecta negativamente, lo hará a pesar de mi amor o parentesco por ella. Por ejemplo: "quienes mienten deliberadamente, lo hacen mal y se hacen malos en algún sentido". Mi mujer -yo mismo, ¡qué caray!- puede ser una mentirosa compulsiva. Y lo hará mal, a pesar de ser mi mujer. O lo haré mal, si el mentiroso soy yo: mi pensamiento no tiene miramientos por mí. La verdad duele, en ese sentido. Pero libera, en otro, tan parecido. (Lo mismo canta Sting: "Truth hits everybody". Temazo.)

Segunda: si pienso equivocadamente, algo acabará pasando que me afectará. Si, pongamos por caso, pienso que los hombres pueden volar con la sola ayuda de sus brazos, mejor que no intente demostrarlo. De lo contrario, algo ocurrirá. En ese sentido, la frase de Conrad me recordó a otra de C.S. Lewis, que ya se ha comentado por aquí: "La realidad es iconoclasta". Es decir: rompe las imágenes (erróneas) que de ella hacemos. La realidad es como es, aunque no sepamos a veces del todo cómo. Eso, sin duda, no es relativismo, sino realismo: el pensamiento es una de las armas de conocimiento, pero ese conocimiento es del mundo, real y ajeno a mí, tantas veces.
(La cosa se complicaría algo más si consideramos que nosotros -el yo que piensa- también es real, y no solo sujeto. Pero eso ya da para otros libros, no solo posts de blog).

Pues eso: el pensamiento no tiene miramientos por nadie. Y eso es muy interesante. Por es conviene hacer pensar a los alumnos, queridos profesores. Y a los hijos, queridos padres. La verdad es más educativa que los padres y los profesores.

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