Son los amigos, estúpido

"It's economy, stupid!"
Esa es, por lo visto, una de las frases que hizo que Bill Clinton ganara las elecciones del 92. 
Lo cierto es que no va por ahí el post de hoy: no tengo mucha idea de economía. Pero, claro, la frasecilla tuvo sus más de cinco minutos de gloria, y fue variando. Hoy la adoptamos en el blog de modo solemne: "Son los amigos, ¡estúpido!". Porque eso me vino a la cabeza -"a las mientes", como dice Becquer- al ver lo que rápidamente fotografié.

La foto no es muy buena, pero las frases sí.  Es un anuncio, aunque no sé muy bien de qué empresa. Tanto da. Pregunta, a un lado de la foto: "¿Juegos de cartas o videojuegos?", supongo que por aquello de tradición o innovación... Y Rafa Nadal, que es quien responde a esa dicotomía tan maravillosamente, devuelve la bola como en sus mejores momentos: "Mientras tenga amigos al lado, me da igual". ¡Ace, amigo mío!

Los planes son casi siempre lo de menos cuando se tiene tan claro que lo que importa es la gente. 
La razón es sencilla, pero no simple: trae cola. Resulta que los juegos buscan, principalmente, la diversión y el pasatiempos. Esas dos palabras tienen etimologías ilustrativas de qué son: di-vertir (vertir cosas diferentes), y pasar-el-tiempo. Naturalmente, puede uno añadir a los fines de los juegos la competición, el aprendizaje, etc. Pero, me parece, son fines secundarios: la diversión es igual de humana que al inteligencia o el amor. 
Pero el amor, eso sí está por encima. Y por eso mismo la amistad -y el eros: las relaciones de pareja- abarcan más que la diversión. Juegan en otra liga, por decirlo con la imagen futbolística. 
Esa es la razón por la que, cuando estás entre amigos o en pareja, el qué sea lo de menos. y se pase al quién. Los adolescentes lo tiene parcialmente claro. Cuando hay un plan, su pregunta es siempre "¿quién va?" y, después, "¿qué haremos?". Y tienen bastante razón. 

¿Por qué, entonces, lo de "parcialmente claro" solamente? Porque se dan situaciones en que el rebaño se impone a la gente de nombre y apellidos. Y el "todos lo hacen" se come sus ideales y su yo personal. 
Ejemplo doloroso y complejo: las discotecas. Puntualización: en su versión alcohol, droga y sexo a granel.

Hace un tiempo, un chicote -menor de edad, para más señas- me dijo que en la disco cada vez bebía más y que estaba harto. A mi pregunta directa -"¿y por qué vas?"- me respondió más claro que el agua: "y, si no, ¿qué hago?". Me pareció una respuesta desoladora: lo decía en serio. Y no era precisamente un colgado.
Y ahí se inició un diálogo que después he repetido muchas veces con gente diferente. Todos responden lo mismo. En resumen: que nadie iría solo, ni con gente que no conoce. "Pues nada", concluía yo, "ve a otro sitio con tus amigos y no os cozáis". 

¡Son los amigos, estúpido!
Donde hay amistad, el qué importa poco: como si vamos a tirar piedras a un río. 
Ya nos apañaremos. A pesar de la presión, que es tanta. 
El amor proporciona más felicidad que la simple diversión.


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