Todo me male sal

Aunque la pintada debe de ser un error buscado, no deja de tener gracia. El colmo de los colmos: un disléxico desesperado que se equivoca hasta cuando quiere dejar constancia de su incompresible y fatal destino. 

Al ver esta foto, de todos modos, me vino a la cabeza la capacidad de algunos -quinceañeros o no- de ver todo en negativo. Se trata de un error de visión y de juicio sobre uno mismo. Es peculiar esta manera inaprensiva y extremadamente dura de juzgarse a uno mismo. "No hago nada bien", proclaman a los cuatro vientos. 
Hay varios tipos de personas así. 
Dos, como mínimo. 
Los primeros lo hacen por llamar la atención, por lograr, ni que sea así, que les hagan caso. 
Otros (pesimistas o personas con autoestima baja) tienen las gafas oscurecidas y todo lo que ven es oscuro y torpe: mal hecho. 
Pero no se da el tercero, aquel que todo lo hace mal. No hay nadie tan negado que en todo se equivoque. 
Dicen los pesimistas que los optimistas no son realistas. Los optimistas dicen de los pesimistas lo mismo. 

Quizás se trate de dos maneras de ver la realidad. El optimista busca en lo que hay algo bueno, a pesar de lo malo. El pesimista se deja cegar por lo malo: el árbol le tapa el bosque. El pasado y sus errores hacen que el presente pase a futuro cerrado, sin salidas.
Ni unos ni otros deben olvidarse de la realidad al juzgar. Y esto es muy importante en la educación del carácter.

Recuerdo cómo me lo explicaba una persona: si la capacidad de juicio de la realidad es un cañón, el ser optimista o pesimista son el cargador lleno o vacío que uno tiene en la recámara. No disparan, pero permiten o impiden que uno lo haga. El optimista -que es fuerte y no se da por vencido- tiene siempre un tiro en la recámara, aunque sea para decir que la cosa no estuvo tan mal y que de los errores se aprende. 

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